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Nació en 1817 en Concord, Massachusetts, de donde salió sólo excepcionalmente, prefiriendo la vida del campo y los bosques. Murió a los cuarenta y cinco años de edad, en 1862, y fue enterrado –por su amistad- junto a Emerson, quien dijo de su amigo" “Vivió solo... no fue jamás a la iglesia; nunca votó; se negó a pagar impuestos al Estado...”. Lo más característico de su obra, dice el novelista Theodore Dreiser, autor de El pensamiento vivo de H.D. Thoreau, no está tanto en su entrañable Walden como en los catorce volúmenes de su Diario íntimo. En sentido académico, Thoreau “no puede ser considerado un filósofo”, pero ya conocemos las limitaciones de estas instituciones, tan útiles a “la construcción... y a la disolución de todo lo que existe en este planeta”, pero en los veintitrés años “de su vida de escritor [abarcó] la escala de la mayoría de los problemas... tratando de la inteligencia en la naturaleza, de la forma en la naturaleza, del tiempo, del cambio, del conocimiento y de su origen y limitación, de la realidad y la ilusión, del problema de la moral, de la voluntad libre y controlada, de las emociones, del bien y del mal en el sentido cósmico, de la pena y de la alegría, de la compasión y de la crueldad, de la sociedad, la religión la injusticia, la muerte y hasta de la vida futura...”. Aún más" permaneció siempre “fascinado ante la belleza de la vida”. Sin embargo, su época “no supo nada de él. Nada” Thoreau defendió la dignidad y la necesidad de la pobreza, del ascetismo material, la autonomía, la responsabilidad, la amistad, la soledad, el que cada ser humano se baste a sí mismo mental y emocionante, la contemplación de la naturaleza y su convivencia lúcida y gozosa, y despreció la masa, el lujo –que “significa muerte”–, la comodidad y el apoltronamiento, la vulgaridad de los ganadores, la máquina, la deshumanización de la ciencia y la ceguera y los abusos de su técnica, la ridiculez de la vanidad y del éxito, la visión
convencional de la vida, la adhesión a las ideas aceptadas, la educación –que es más o menos una broma y a nadie puede ayudar a vivir, más bien convierte a la gente en observadores llenos de prejuicios–, el gobierno, las instituciones de comunicación y diversiones, a las que juzgaba insípidas, falsas y destructivas –estrechas y sórdidas–" “terminarán por destruir a los hombres”.
Thoreau rechazó el principio de autoridad en todos los terrenos, desde el de la religión hasta el del gobierno. Lo más importante, decía Thoreau, es abandonar todo lo que nos ha sido impuesto, todo lo que no ha sido verificado por nuestra propia experiencia.
Sus principales obras son" Una semana en los ríos de Concord y Merrimack (1849), Walden o la vida en los bosques (1854), Diario íntimo, Cartas familiares, y hasta las doscientas páginas de ensayos que reunió Theodore Dreiser en El pensamiento vivo de Thoreau, traducido por Editorial Losada en 1940.

 

Del deber de la desobediencia civil